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Ya saben que me preocupa la universidad. Pues Pablo Artal, catedrático de óptica de la Universidad de Murcia, publica un artículo interesante sobre las razones por las cuáles las universidades españolas (aunque creo que también se puede aplicar a las latinoamericanas) no aparecen en los rankings. Para Artal el problema central está en la productividad:

Si nuestros campus y nuestros estudiantes graduados no son tan malos… ¿Dónde radica entonces la enorme diferencia? Me temo que nuestro talón de Aquiles es la escasa cantidad y calidad de la ciencia realizada en las universidades. Pero, ¿cómo se encaja esto con algunos datos oficiales? Por ejemplo, se dice que somos la novena potencia científica mundial y las universidades realizan un alto porcentaje de la investigación en España. Para ser sincero, a mí también me ha sorprendido que fuéramos peores que algunas universidades de las que nunca había tenido la menor noticia. Así que realicé una pequeña exploración, completamente acientífica, sobre este asunto. Elegí dos simples parámetros para cuantificar la producción científica de una universidad. El número de publicaciones de los últimos 10 años y su impacto, mediante el índice h. Este es un conocido parámetro que cuantifica el número de citas que reciben los artículos. Es un indicador del impacto y la calidad de un científico individual, pero también se puede aplicar a una institución completa. A mí personalmente me gusta y lo uso a menudo, pero cuenta con limitaciones y numerosos detractores. En cualquier caso, en este contexto sirve adecuadamente para una cierta comparación. He elegido tres universidades que conozco directamente. Como representante bastante adecuado de las universidades españolas en los niveles medios-altos, he elegido la mía, la Universidad de Murcia. Cuenta con unos 35000 estudiantes y hemos publicado 7800 artículos con un índice h de 73 y en el ranking QS estamos en el grupo +600. Me sorprendió encontrar a la Universidad de Creta en Grecia en los puestos 400-450, 200 por delante de nosotros. Con unos 12000 estudiantes publicó 9700 artículos con un índice h de 90. Es decir, está por delante porque ha producido más y con más impacto que nosotros. Finalmente me fijé en la universidad de Nueva Gales del Sur en Sídney en el puesto 47 del ranking mundial. Tiene unos 14000 estudiantes, publicó 34600 artículos con un índice h de 153. Para no aburrir, no incluyo aquí una normalización por el número de profesores de cada institución. Pero pueden imaginar que estas normalizaciones se aplican en la determinación de los ranking, lo que puede explicar en parte nuestro hundimiento.

Pero lo importante de estos datos es simplemente constatar que si estamos tan mal colocados en los ranking es por que producimos una densidad de ciencia muy baja y con un impacto pequeño. Mi impresión personal es que una parte de las plantillas universitarias en España son productivas, y de hecho una pequeña parte incluso muy productiva, de manera comparable a colegas en universidades de primera, pero desgraciadamente una mayoría de personal improductivo hunde a nuestras universidades inexorablemente en los ranking.

Su propuesta para mejorar y salir en los rankings es tan sensata como improbable:

Segregaría las secciones y facultades más productivas, que son fácilmente identificables creando universidades más pequeñas, que empezarían a escalar puestos en los ranking, primero automáticamente por los factores de normalización y después por meros procesos evolutivos. Claro, no sólo bastará el troceado, deberían también dotarse de una gestión profesional, contar con escalas retributivas del personal abiertas y competitivas que premiasen el trabajo hecho y que se revisasen periódicamente al alza o la baja, con contrataciones libres de quien pueda empujar hacia arriba la universidad, etc. En definitiva, deberían constituir un ecosistema académico en el que a cada miembro de la universidad le resulte muy importante que su institución sea lo mejor posible. Es decir, un sistema en las antípodas del que ahora tenemos, donde si aparecemos en los ranking (alguien me dijo que eso ya era un cierto logro teniendo en cuenta que puede haber miles de centros que se llaman universidades en todo el mundo) es por la dedicación de una minoría de profesores universitarios que no podrán, ni querrán, mantener el sistema solos indefinidamente por nada a cambio.

Se han publicado los rankings mundiales de universidades de The Times Higher Education World University Rankings, que se basa en criterios de ensañanza e investigación. Ninguna universidad que tenga la lengua castellana como vía de comunicación entre las primeras 100 universidades del ranking mundial. Entre las primeras 200 universidades hay dos de España, las dos de Barcelona, donde también se enseña en catalán: la Universidad de Barcelona (142) y la Universidad Pompeu Fabra (155). Felicidades a estas dos universidades.

Por lo demás, el panorama es pobre. El informe dice que en Latino América pronto habrá universidades de Brasil que aparezcan en los rankings, pero por ahora no hay ninguna universidad latinoamericana entre las primeras 200 del mundo. En españa se discute más y más sobre los rankings, pero me pregunto: ¿todos están tan equivocados? Yo creo que no, que una universidad como la española, donde  los incentivos no están claros y no hay autonomía para la competencia, por ejemplo, para conseguir los mejores profesores, es difícil que aparezca en estos rankings. Estos incentivos sí existen en otros sistemas universitarios públicos (la universidad privada en España tampoco compite, y no me explico las razones), como el aléman, con muchas universidades en los rankings y con regulaciones que permiten incentivos para competir entre ellas, que tiene reglas simples pero efectivas, como la prohibición de contratar a los que hayan obtenido la habilitación en la misma  universidad, evitando la endogamia, y otras tantas reglas que se podrían copiar.

Y aquí va una encuesta, que es para España, pero se podría extender a cada uno de los países latinoamericanos en este y otros blogs:

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