Dos visiones sobre las Naciones Unidas
diciembre 7, 2008
Me parece muy recomendable la lectura del ensayo de Kenneth Anderson en el número de noviembre de Revista de Libros sobre el libro de Paul Kennedy, El parlamento de la humanidad. Una historia de las Naciones Unidas (traducción española de R. García Pérez publicada por la editorial Debate). Anderson alaba ciertas partes de la obra, como el estudio de los años de formación de las Naciones Unidas, que califica como «la mejor parte del libro», pero por lo demás hace una crítica profunda del enfoque y el contenido de la obra de Kennedy. El autor del libro, en la lectura de Anderson, presenta unas Naciones Unidas que el crítico representa mediante la metáfora de «un árbol joven y enfermizo» al que se deben disculpar sus carencias y sus culpas porque de él surgirá el «maravilloso y frondoso árbol de la gobernanza global». Anderson critica este idealismo de Kennedy («el futuro glorioso» de las Naciones Unidas) a través de los datos del «turbio presente de las Naciones Unidas». El libro y la crítica, en realidad, representan dos visiones muy extendidas de las Naciones Unidas: la gobernanza global de Kennedy es contrapuesta a un orden global basado en la «robusta cooperación multilateral de Estados (soberanos) democráticos». ¿Cuál es la tuya?







diciembre 9, 2008 at 7:23 pm
Poco tiempo después de publicada la obra de Kennedy, Juan Avilés, hizo una reseña de la misma en «El cultural» del diario El Mundo, cuyo texto completo puede verse en http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/21911/El_parlamento_de_la_Humanidad_La_historia_de_las_Naciones_Unidas.
Como sostiene Avilés, básicamente lo que se buscaba era «sentar las bases de un sistema que evitara una repetición de los horrores desencadenados» por la segunda guerra mundial.
Si bien puede sostenerse que existen dos visiones de las Naciones Unidas, creo que las mismas no son contradictorias sino complementarias. Es cierto que los tambores de la guerra siguen sonando seis décadas después de que la conferencia de San Francisco, pero no es menos cierto que en los últimos cien años el derecho internacional ha avanzado considerablemente hacia una prohibición general de la amenaza y el uso de la fuerza. Que estas normas son violadas, incluso con inusitada frecuencia en nuestros días, es cierto. Quizás por ello se infravalora la labor de la ONU. Pero ello no significa en modo alguno que un orden basado en normas haya fracasado, como, inter alia, la multiplicación de los casos de violencia de género no indica que la creación de marcos y normas para erradicarlos sea una tarea estéril.
Avilés sostiene que «la opinión de Kennedy recuerda un boletín escolar: hemos progresado pero tenemos que mejorar». No por simple ello deja de ser cierto.
Como lo señalara en otra parte de este blog (https://carlosesposito.wordpress.com/2008/12/03/obama-y-la-proteccion-de-los-vulnerables-por-ricardo-arredondo/)el siglo XXI nos enfrenta a la aparición de problemas que sólo pueden ser abordados eficazmente a través de la cooperación global. En particular, no puedo menos que coincidir con Kennedy cuando señala que la ONU debería dotarse de un órgano capaz de analizar la información sobre la posible aparición de nuevas crisis, e incluso de unas fuerzas dispuestas a intervenir apenas lo ordenara el Consejo de Seguridad.
Como concluye Avilés, «Mucho nos queda pues por hacer, pero sin la ONU nos sería más difícil».
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