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“Aquiescencia” es un blog de opinión y noticias sobre el Derecho internacional. Aquiescencia significa consentimiento en un sentido tácito, está fundada en la buena fe y en la equidad (Corte Internacional de Justicia en el caso de la delimitación de la frontera marítima en la región del Golfo de Maine, ICJ Reports 1984, párrafo 130). Elegí el nombre por sugerencia de una amiga, porque era realmente distintivo y porque me gustó la idea del acuerdo tácito, la buena fe y la equidad. En el blog encontrarán comentarios de casos, textos, noticias de cursos, conferencias y todo tipo de publicaciones conectadas con el Derecho internacional.

Si quieres algo de información sobre Carlos Espósito, autor fundador del blog en enero de 2008, pueden ver un cv y una breve descripción en su página web. Para favorecer la riqueza y diversidad de opiniones, al blog se irán adhiriendo otros autores y colaboradores, además de los frecuentes autores invitados.

Los autores y colaboradores escriben en su capacidad individual y se responsabilizan personalmente de las ideas expresadas en el blog y sus opiniones no se identifican necesariamente con aquiescencia ni con las opiniones del autor fundador del blog. Más aún, como creador del blog, mi intención es invitar a autores que tenga ideas divergentes e incluso opuestas.

A continuación pueden leer una entrevista que me hicieron en 2012 y que tiene bastante información de mi biografía académica y mi forma de ver el derecho y la universidad.

Boletín Informativo Instituto de Derecho Internacional (CARI)

Año 3, Número 7, septiembre 2012 / Páginas 47-51.

Sección 6 / Entrevista

Dr. Carlos Espósito

Buenos Aires, agosto de 2012

Es un gran placer para el Instituto de Derecho Internacional del CARI poder entrevistar en el séptimo número de nuestro Boletín al Dr. Carlos Espósito, a quien agradecemos su tiempo y su deferencia en responder a nuestras preguntas. Aquí les presentamos la entrevista:

1) ¿Cómo comenzó su carrera en el ámbito del Derecho Internacional?

Nunca había pensado en un punto de partida cronológico de mi carrera en el ámbito del Derecho internacional, pero puestos a elegir, diría que el año 1988 fue determinante. Yo tenía 23 años y era estudiante de derecho en la Universidad de Buenos Aires y hubo tres acontecimientos que influyeron decisivamente en el comienzo de mi carrera como internacionalista. Primero, gané una beca que me brindó la oportunidad de hacer una investigación sobre Derecho internacional del desarrollo en el Instituto Gioja. La discusión sobre la transformación del Derecho internacional mediante una concepción sustantiva, y no meramente formal, de la igualdad entre naciones era un debate relevante en aquel momento, que no avanzó en los términos propuestos por los defensores de la creación de un nuevo orden económico internacional, pero sigue de alguna forma vigente en discusiones fundamentales sobre el Derecho internacional, como ocurre con los debates sobre la relación entre soberanía y desigualdad, las deficiencias de participación o la universalidad y obligatoriedad del Derecho internacional. Segundo, ese año publiqué mi primer estudio de Derecho internacional, “El embargo como forma de intervención económica”, en la revista Lecciones y Ensayos, en la que era redactor junto a un grupo magnífico de estudiantes y amigos que hicieron de las reuniones de los martes por la tarde una experiencia universitaria inolvidable. El trabajo fue fruto de un curso especial de Derecho internacional que convocaron los profesores Hortensia Gutiérrez Posse y Guillermo Roberto Moncayo con el objeto de analizar la entonces recientes e impactantes sentencias de la Corte Internacional de Justicia en el casoNicaragua contra Estados Unidos (1984 y 1986). En tercer lugar, ese mismo año publicamos en Lecciones y Ensayos un trabajo junto a mi compañero Alejandro Fiuza sobre integración latinoamericana, donde proponíamos, entre otras cosas, una reforma constitucional con el fin de que se contemplasen los procesos de integración regional y jurisdicción internacional. Lo más importante, sin embargo, fue la experiencia de presentar ese trabajo en el Primer Encuentro Latinoamericano de Revistas Jurídicas dirigidas por estudiantes, celebrado en Montevideo, en septiembre de 1988, donde pude conocer a un grupo grande de jóvenes excepcionales provenientes de una decena de países latinoamericanos y sentir una sensación de pluralidad internacional que no conocía hasta ese momento. A principios de 1989, cuando me comunicaron que me otorgaban la beca para asistir a los cursos de la Academia de Derecho Internacional de La Haya, ya estaba convencido de que iba a dedicar mi vida profesional al Derecho internacional.

2) Como especialista en el área ¿Quién ha sido su referente?

Los primeros referentes, por supuesto, son nuestros profesores. En la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires fui alumno de grandes profesores, maestros del Derecho. Fue el ejemplo de Carlos Nino el que me inclinó definitivamente a ser académico, pero en lo que respecta a mi especialidad, yo tuve la suerte de tener como profesora de Derecho internacional a la Dra. Monica Pinto, actual Decana de la Facultad. Mónica me ayudó a comprender el Derecho internacional de una forma sencilla, precisa, directa y, sobre todo, apasionada. A Mónica le encantaba enseñar, dar clases y creía en lo que hacía y decía. En este sentido, tuve una introducción privilegiada al conocimiento de la materia, que pude continuar aprendiendo cuando ella y el Dr. Roberto Guillermo Moncayo me aceptaron como ayudante alumno en la cátedra. En la Academia de Derecho Internacional de La Haya fui alumno del profesor Louis Henkin, que impartió el curso general de Derecho internacional en 1989. Fue otra experiencia fascinante. Henkin era una persona apacible, que tenía un conocimiento enciclopédico del Derecho internacional, con una conciencia muy notable de su relación con los derechos internos y una convicción iluminadora sobre el papel central de los derechos humanos en el Derecho internacional. En mis estudios de doctorado tuve como director de tesis al profesor Antonio Remiro Brotóns, una de las mentes más despierta, inteligente e independiente del Derecho internacional, que sutilmente supo incentivarme para abrir nuevos horizontes en mi pensamiento. No sé si he contestado a su pregunta, si es esto lo que preguntaba o si quería saber cuáles eran los libros y las personas que habían influido en mi desarrollo intelectual. Con el tiempo he tenido la oportunidad de leer a la mayoría de los autores relevantes y conocer a muchos de los grandes nombres del Derecho internacional. Como todos, tengo nombres y especialmente ciertos libros, que han sido importantes referencias para mi trabajo; admiro profundamente a muchos autores por sus trayectorias profesionales y sus escritos, y acepto con gusto sus influencias, pero esa es otra historia, otra pregunta.

3) ¿Qué obras jurídicas son de referencia obligatoria para el ejercicio profesional y académico del Derecho Internacional Público?

Los recursos electrónicos han modificado el modo en que accedemos a las fuentes jurídicas necesarias para hacer nuestro trabajo. Si tenemos la suerte de trabajar en un lugar con una buena biblioteca de recursos electrónicos, nuestra vida profesional se simplifica enormemente, aunque con una simple conexión a internet puede ser suficiente en muchos casos. Pero su pregunta es más concreta, porque me pide que nombre cuáles son las referencias obligadas del Derecho internacional público. Esta pregunta tiene muchas respuestas porque el Derecho internacional de hoy está muy especializado y en cada área de especialización existen obras que resultan imprescindibles como instrumentos de trabajo para los profesionales y los académicos. Si nos restringimos a las obras de referencia en el ámbito del Derecho internacional general, yo diría que hoy se están haciendo cada vez más necesarios los comentarios a las convenciones y tratados y áreas temáticas más importantes, como los estudios sistemáticos de la Carta de Naciones Unidas, el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, el Derecho de los tratados o la responsabilidad internacional del Estado por hechos ilícitos. Estas obras, junto a las obras de referencia enciclopédica, son un buen punto de partida para afrontar cualquier problema jurídico internacional. Ahora bien, si hablamos de obras de referencia, siempre es necesario contar con manuales y textos de casos y materiales, especialmente si uno es docente. Son muchos y los hay excelentes. Yo prefiero los manuales que tienen, digamos, personalidad, aunque no esté de acuerdo con el enfoque del autor. Por ejemplo, los Principios de Derecho internacional de Brownlie son un clásico porque se reconoce el modo que el conocido internacionalista tenía de concebir el Derecho internacional: claro, directo y sin disquisiciones filosóficas. Confío en que la edición de los Principios a cargo de James Crawford, que se publica este año, siga manteniendo su carácter distintivo. Cuando digo personalidad me refiero también a manuales como los de Antonio Remiro Brotóns, bien distintos del caso anterior, con un fuerte contenido crítico, siempre exponiendo sus posiciones de política internacional al explicar las instituciones jurídicas internacionales. Podría seguir la lista, nombrar por ejemplo al curso general de Thomas Franck, muy atractivo por su enfoque sobre los problemas de legitimidad, o el curso de Antônio Cançado Trindade, que transpira un idealismo tan necesario en nuestros días. Además, como es lógico, están las revistas, imprescindibles para mantenerse al tanto de las discusiones más actuales. Nunca olvidaré el consejo que me dio Carlos Nino cuando era un estudiante: “suscríbase a una revista, es la mejor forma de estar actualizado”. En el mundo electrónico de hoy, sin embargo, incluso las revistas clásicas, como elAmerican o el European Journal of International Law, salen con un retraso importante, por eso conviene seguir un par de blogs para estar al día.

4) ¿Podría contarnos cómo han sido sus experiencias como investigador en las prestigiosas instituciones académicas en las que se ha desempañado?

Escribí mi tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) con la inestimable ayuda de una generosa beca del Ministerio de Educación español llamada beca de Formación de Personal Investigador (FPI). La UAM tiene una biblioteca excelente y un grupo de compañeros estimulantes, eso seguramente hubiera bastado para llevar adelante la investigación, pero esa beca me permitió también hacer dos estancias cortas de investigación maravillosas en el Instituto Max-Planck de Heidelberg en 1991 y en la Universidad de Oxford en 1992. La especialización del Max-Planck, su infinito catálogo de recursos bibliográficos y documentos, me dejaron totalmente sorprendido, pero además ahí aprendí la necesidad de la discusión seria y sistemática de las ideas en un contexto académico. Eso ocurrió en el Max-Planck, donde había un seminario, creo que los lunes, en el que la gente exponía sus trabajos y reportaba sobre las novedades de su especialidad con gran solemnidad, en una sala donde había nombres consagrados, como Rudolf Bernhardt y Jochen A. Frowein, y muchos jóvenes que luego serían profesores, como Andreas Zimmermann o Juliane Kokott. Yo había tenido una experiencia provechosa en el seminario de Nino, pero la institucionalización y profesionalidad de ese seminario era impactante. Armin von Bogdandy me dijo en marzo que ahora hacían también un seminario ¡en español! Yo tengo ahora un seminario los viernes, no es lo mismo, por supuesto, pero aunque seamos pocos nos juntamos a discutir nuestras ideas y las de los demás, porque en eso consiste el trabajo académico en el ámbito jurídico: analizar, argumentar, discutir y cooperar para conseguir un punto de vista mejor sobre las normas, las instituciones y los problemas que debemos tratar de solucionar. Algo que pude experimentar una vez más de primera mano en la vida académica de la Universidad de California, en Berkeley, donde pasé un tiempo con una beca postdoctoral en compañía de grandes profesores, como David Caron. Por esa época también tuve la suerte de volver a la Academia de Derecho Internacional de La Haya, a su Centro de Estudios e Investigación, que es un lugar estupendo para investigar concentrado en un tema específico durante unas tres semanas, con un grupo de gente proveniente de lugares muy diversos. Una sensación de pluralidad que siempre he tratado de buscar en mis estancias de investigación y que volví a encontrar, gracias a otra beca española y a la hospitalidad del Profesor James Crawford, en otro lugar privilegiado para los que culvitamos el Derecho internacional: el Centro Lauterpacht para el Derecho Internacional de la Universidad de Cambridge.

5) Considerando la importancia del estudio del Derecho Internacional General ¿Qué elementos tiene en cuenta al elegir una temática de investigación en la que profundizará el análisis de ciertos aspectos específicos de esta rama del Derecho?

En ocasiones elijo los temas y otras muchas me dejo llevar por propuestas que me resultan interesantes y me permiten aprender cosas nuevas, expandir mi conocimiento. Pero aún cuando elijo, a veces, ocurre un hecho azaroso que me lleva por caminos nuevos, distintos a los planeados. Cuando comencé a investigar para mi tesis, por ejemplo, tenía en mente escribir sobre los remedios jurisdiccionales en el derecho internacional, pero leyendo un libro del juez Singh sobre la Corte Internacional de Justicia descubrí la necesidad de profundizar en el estudio de la jurisdicción consultiva de la Corte, un tema que no había sido tratado sistemáticamente en castellano, con lo cual cambié el rumbo y terminé escribiendo un libro sobre la función consultiva de la Corte. Dicho esto, sí es cierto que trato de apoyarme en algunas ideas y elementos importantes para mí a la hora de elegir proyectos de largo plazo, como la universalización de las normas internacionales, la institucionalización del Derecho internacional, la igualdad, la cooperación. Esto se puede ver, espero, en mi proyecto de investigación actual sobre la protección de bienes jurídicos globales (http://www.uam.es/glg).

6) ¿Cuáles cree que son los desafíos actuales del Derecho Internacional?

Aunque debamos conformarnos constantemente con tratar de establecer espacios de colaboración y resolver algunos conflictos, el gran desafío constante del derecho es la realización de la justicia. Los desafíos actuales del Derecho Internacional son concreciones de la justicia, el problema es que no hay una sola concepción de la justicia, sea global, internacional, nacional o local. Por supuesto, hay cierto consenso en la existencia de desafíos normativos ligados a la consecución de objetivos globales, como la paz mundial, la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, la igualdad entre los hombres y las mujeres, la protección de los derechos humanos, la sostenibilidad del medio ambiente, el desarme y la eliminación de las armas de destrucción masiva, la lucha contra el terrorismo. No desconozco que la inevitable tensión entre estos objetivos, como ocurre con la justicia y la paz, pero yo veo que hay una conexión fuerte de estos desafíos globales entre sí y con el Derecho internacional, que estoy tratando de concretar en la idea de bienes jurídicos globales. En ese contexto, los desafíos podrían identificarse como deficiencias normativas, participativas, institucionales y jurisdiccionales, que hay que tratar de resolver. Esos son los objetivos del proyecto de investigación que mencioné en mi respuesta a la pregunta anterior.

7) ¿Cómo ha sido su experiencia como Funcionario de la Asesoría Jurídica Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación de España?

Riquísima, por momentos muy satisfactoria, por momentos frustrante, pero siempre muy provechosa. Aprendí muchísimo en esos tres años. Tuve la ocasión única de participar en la negociación de tratados internacionales, participar en los procesos de formación del consentimiento del Estado para obligarse por tratados internacionales, formar parte de delegaciones nacionales a reuniones y conferencias sobre los temas más variados, como el derecho del mar, las inmunidades jurisdiccionales de los Estados o el cambio climático. Estoy convencido de que el paso por la Asesoría me hizo ver el Derecho internacional con otros ojos, que suponen una mirada más respetuosa a las posiciones y los intereses de otros Estados, una visión más ponderada y sosegada de las negociaciones, los acuerdos, los compromisos. Creo que soy mejor académico debido a esa experiencia.

8) En el ámbito académico Usted ha tenido experiencias tanto en universidades extranjeras como argentinas: ¿Qué diferencias percibió entre la enseñanza del Derecho Internacional en nuestro país y en el exterior?

Al comienzo de esta entrevista he elogiado a mis profesores de la Facultad de Derecho de la UBA. Ellos me dieron una educación excelente, y si no fue mejor no se debe a ellos sino a mí mismo o a la escasez de recursos, que afectan a la mayoría de las instituciones públicas de educación superior, en mayor o menor medida. Era una universidad un poco caótica, sí, pero no debemos olvidar que yo llegué a la UBA en 1984 y en esos años comenzábamos una experiencia democrática con muchos problemas y una gran ilusión. Yo no puedo juzgar ni comparar la situación actual de la enseñanza del Derecho en la Argentina con la de otros países; sé que algunas facultades de derecho argentinas enseñan con los mejores métodos, con sistema de casos, seminarios de investigación, moot courts y hasta clínicas jurídicas, pero desconozco los datos y las estadísticas generales, sobre todo en términos nacionales y comparados, y me falta experiencia sobre la enseñanza del derecho en la Argentina de hoy. Lo única crítica que me animo a avanzar es que en la Facultad de Derecho en que yo estudié, y creo que en las demás era igual o peor, no había un buen equilibrio entre juristas dedicados a la práctica profesional en cualquiera de sus dimensiones y académicos dedicados por completo a la enseñanza y la investigación; la inmensa mayoría, por necesidad o por deficiencias del sistema institucional de profesorado, eran abogados en ejercicio que se desplazaban desde sus lugares de trabajo a dar clases un par de horas a la semana. Un grupo de profesores profesionalizado, con dedicación completa, competitivo, independiente, que pueda incluso defender posiciones ingenuas con sus estudiantes, es absolutamente necesario para lograr una enseñanza robusta y de calidad. Quienes fuimos alumnos de Carlos Nino le podemos poner cara a este tipo de profesores. Pero es que, además, esa profesionalización es necesaria para crear una verdadera comunidad académica, no sólo dedicada a los alumnos, que es fundamental, sino también con las condiciones y bien dispuesta a hacer avanzar el Derecho, escribiendo y participando en los seminarios y debates científicos de sus facultades y, por extensión, del país.

9) Por último, ¿qué consejos puede dar a quienes deseen realizar su desarrollo profesional en el ámbito del Derecho Internacional?

En la actualidad hay muchas más oportunidades en Derecho internacional que las que había cuando yo estudié la carrera universitaria. Además de las áreas clásicas donde el Derecho internacional tiene una relevancia particular, como la diplomacia, hoy se han expandido esas áreas y se han creado nuevas dimensiones para el Derecho internacional, incluyendo una dimensión de ejercicio de la abogacía, a la vez que se han multiplicado las instituciones donde los especialistas en Derecho internacional son útiles o necesarios. Me cuesta dar consejos, pero aquí va uno por si hay estudiantes de grado o postgrado que estuviesen leyendo esta entrevista: si volviera a empezar, si fuera otra vez un estudiante de derecho, trataría de crear o formar parte de un equipo de moot court y participar en alguna competición internacional, como el Jessup. Es una forma ideal de desarrollar un interés bien fundado y duradero por el Derecho internacional, y también de ir formando una red que haga posible una amplia conversación con gente de intereses comunes de todo el mundo.

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