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Arte e inmunidad del Estado

septiembre 1, 2010

Ya saben que me llama mucho la atención el derecho de las inmunidades jurisdiccionales de los Estados. Pues si tienen interés en los casos de obras de arte expoliadas a los judios por los nazis y su conexión con la inmunidad de los estados (España) ante los tribunales extranjeros (EE.UU)., recomiendo la nota que aparece hoy en el diario el País sobre una obra de Pizarro que cuelga de las paredes del museo Thyssen en Madrid y que ahora reclama el nieto de la dueña original del cuadro. En los tribunales de EE.UU. son numerosos los casos que implican este tipo de asuntos, como por ejemplo el muy interesante caso sobre la inmunidad de Austria resuelto en la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos de 7 de junio de 2004 en el asunto Republic of Austria v Altmann, que resuelve a favor de la demandante el problema de aplicación retroactiva de la ley que regula la inmunidad de los estados en EE.UU. en un caso planteado en los tribunales federales de EE.UU. por una heredera del dueño de seis obras de Klimt en poder de un museo estatal austríaco, que habían sido confiscadas a su tío Ferdinand Bloch-Bauer por el régimen Nazi. Finalmente el asunto se resolvió mediante un arbitraje y la señora Altmann recupero las obras.

El caso actual presenta problemas de interpretación peculiares en relación con unos hechos y sus divergentes interpretaciones, que están bien explicados en el artículo de El País, El ‘pisarro de la discordia‘, firmado por Miguel Pérez y David Nelson. Además de los problemas relativos al establecimiento de la cadena de propiedad, está la cuestión sobre el valor jurídico de una indemnización que la dueña del cuadro recibió del Estado alemán. El texto del artículo lo explica así:

Explica el abogado de Claude Cassirer que tras la guerra Lilly buscó el cuadro, decidida a recuperar lo que los nazis le habían arrebatado. Nunca dio con él. En su ausencia pidió en 1958 al Estado alemán una compensación de 150.000 marcos (equivalente a aproximadamente 350.000 euros actuales teniendo en cuenta el paso del tiempo y el efecto de la inflación). Le fue concedida. El Gobierno la reconoció entonces como propietaria de la obra.

[…]

Según los abogados de Claude Cassirer, la indemnización no implicaba la renuncia a recuperar el cuadro en un futuro -entonces estaba en paradero desconocido-. La defensa de los Thyssen sostiene lo contrario: el documento era vinculante y le privó del derecho a recuperarlo. En cuanto al valor actual, Cassirer tasa la obra en 13 millones de euros, mientras que el abogado de la Fundación Thyssen asegura que “vale mucho menos”.

El Gobierno alemán, al conocer las intenciones de Cassirer, le ha avisado de que si recupera el cuadro, tendrá que devolver la indemnización cobrada por su abuela en 1958. Esta notificación es interpretada con matices diferentes. Mientras los abogados de los Cassirer opinan que Alemania asume implícitamente con ella la propiedad de la familia, para la fundación, el Gobierno alemán solo persigue la recuperación del dinero para el caso de que efectivamente el cuadro sea devuelto.

Es una especie de puzzle jurídico, un desafío interpretativo fascinante para los abogados.

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