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La Unión Europea en las Naciones Unidas

octubre 15, 2010

Creo que pasó algo desapercibido -aunque no del todo, como se puede leer aquí y aquí– el hecho de que la Unión Europea reformada según el Tratado de Lisboa, que tiene por uno de sus objetivos hablar con “una voz” en el ámbito internacional, no consiguió mejorar su posición en la Asamblea General de las Naciones Unidas. La historia me viene muy bien para contribuir a la discusión sobre personalidad jurídica de las organizaciones internacionales en mi curso de derecho internacional.

Resulta que la Unión Europea pretendía que el Presidente del Consejo Europeo, Hermann van Rompuy, tuviese derechos iguales que los demás representantes de los Estados miembros de las Naciones Unidas para dirigirse a la Asamblea General, salvo por lo que se refiere a los derechos de voto, que quedaban excluidos de la propuesta de resolución sobre la mejora de los derechos de la UE tras la reforma de Lisboa. Esta pretensión, contenida en la propuesta de resolución número A/64/L67, incluía el derecho a hacer propuestas y reformas, responder a las cuestiones planteadas en la agenda de la Asamblea y circular documentos. Además, también se preveía la expansión de la delegación para incorporar a la Alta Representante de la política exterior de la UE, Catherine Ashton. La UE tendrá que esperar hasta el próximo año, ya que una moción del CARICOM que proponía posponer la cuestión tuvo el apoyo de 76 miembros contra 71 y 26 abstenciones el pasado 14 de septiembre de 2010. Los Estados que estaban en contra de la resolución alegan que sería injusto para las demás regiones dar una representación mejorada a la UE teniendo en cuenta que los otros bloques regionales no cuentan con esos derechos. Ante esta preocupación, el representante belga encargado de la presidencia rotatoria de la UE propuso que se estudiase extender los derechos a otros bloques, pero ya fue tarde. Por ahora, van Rompuy o Ashton, se seguirán sentando junto a los otros representantes aceptados por la Asamblea General con el estatuto de observadores, como el Vaticano, y la UE tendrá que seguir hablando por boca de los representantes del Estado miembro de la UE que ejerza la presidencia rotatoria.

¿Qué les parece?

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