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César García reflexiona sobre la universidad española

mayo 2, 2012

Aquí pueden leer un buen artículo de opinión de César García, Profesor en la Universidad Pública del Estado de Washington, sobre ciertas deficiencias de la universidad española. La inexistencia de un mercado competitivo es bien conocida, pero lo es menos “el escaso interés que tiene como experiencia vital”.

Mientras, por ejemplo, en Estados Unidos, ir a la universidad supone un rito de paso, ya que suele implicar abandonar el hogar paterno y enfrentarse a los desafíos de la vida cotidiana (convivencia con otras personas, sexo, alcohol, trabajo, etcétera) en solitario, en España ir a la universidad apenas supone para una mayoría de estudiantes trasladarse a otro barrio y bajarse en otra parada de autobús o estación de Metro. El resto de las constantes vitales, como seguir viviendo en casa de los padres o salir con los mismos amigos, permanecen inalterables. El riesgo en términos monetarios o coste de oportunidad también es mínimo, ya que los alumnos españoles sólo vienen a pagar el 15% de la matrícula (desde ahora el 30%). Un hieratismo que se traslada a una enseñanza que empieza y termina en el aula y fundamentalmente basada en atender a las explicaciones del profesor, realizar exámenes y quizá escribir algún trabajo.

Esto no es nuevo para muchos de los que enseñamos en la universidad española. Algunos tratamos de crear espacios universitarios donde se produzca esa experiencia vital que haga que los estudiantes no pasen simplemente por la universidad sino que la universidad pase por ellos  -participar en una revista o en una competición nacional o internacional, asistir a un seminario voluntario sobre una materia o tema que les interese especialmente, etcétera. Pero estas experiencias, cuando triunfan, llegan a uno pocos y tienen un coste importante en tiempo y esfuerzo. Por eso entiendo bien cuando los jóvenes que terminan sus estudios de bachillerato, y tienen oportunidades de hacerlo, deciden irse a estudiar a otros países europeos. Incluso conozco a un estudiante que habiendo terminado el primer año de universidad en Madrid con éxito ha decidido empezar de nuevo en una universidad inglesa. Pregunté si fallaban sus profesores y la respuesta fue negativa: tenía buenos profesores en ciencias, pero no había una verdadera vida universitaria y él quería tener esa experiencia. Quizá ese tipo de experiencia vital solo pueda darse en la universidad española en el posgrado, pero tampoco en esta etapa hay una gran movilidad de estudiantes, salvo lógicamente para los alumnos que vienen del extranjero.

Se necesitan cambios profundos en el sistema universitario y por eso Pablo Salvador y Jordi Gracia están cargados de razón cuando critican la falta de imaginación que supone la subida de tasas  universitarias y proponen pensar en medidas más valientes.

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