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El semestre pasado, por primera vez, hice un examen para llevar a casa en mi curso de seminarios de derecho internacional dentro de la materia que se imparte en segundo curso de la carrera de Derecho y Ciencias Políticas. En las universidades anglosajonas se llama ‘take-home exam’. Fue una experiencia muy interesante y creo que se cumplió una función primordial de un examen: los estudiantes aprendieron del examen o al menos tuvieron la oportunidad de aprender con el examen.

El ejercicio consistió en asesorar jurídicamente a un Ministro de Asuntos Exteriores, en este caso el Secretario de Estado de EE.UU., sobre la primera reacción frente a la incoación de una demanda ante la Corte Internacional de Justicia. Los estudiantes tuvieron 24 horas para escribir su examen, que tenía un límite de alrededor de tres páginas.

Para hacer el examen, les entregué completa una traducción oficiosa de la solicitud de incoación de procedimientos presentada el pasado 28 de septiembre de 2018 por Palestina contra EE.UU. en relación con el traslado de la Embajada de EE.UU. a Jerusalem, y les dije que se imaginaran que era el día en que se recibía el documento y que su jefe no entendía cómo se podía producir esa situación y que necesitaba asesoramiento urgente sobre dicha incoación, en concreto, una breve nota en menos de 24 horas. Les pedí que explicarán: (1) ¿cuál es la controversia según Palestina y si cabían objeciones a la existencia de una controversia?; (2) ¿en qué se basaba la competencia la competencia de la CIJ?; y (3) ¿cuáles eran las posibles objeciones a la competencia de la CIJ y cuál escogerían como la objeción más efectiva?

Los resultados fueron buenos. La mayoría pudo explicar las posibles objeciones y algunos explicaron bien la eventual aplicación de la doctrina del tercero indispensable (caso del oro amonedado de 1954). A veces hubo confusión entre las objeciones a la competencia y los problemas asociados al procedimiento de fondo ante la CIJ (como, por ejemplo, la no comparecencia de un Estado) pero en general las respuestas fueron satisfactorias. Junto a la corrección envíe un esquema de respuestas que espero haya sido útil para identificar y aprender de los errores y los aciertos. A muchos estudiantes les costó meterse en el ejercicio de simulación, sin embargo, entre todos los exámenes, hubo sólo dos estudiantes que me sorprendieron diciendo a su jefe que la conducta de su Estado era contraria al derecho internacional y que recomendaban que se volviera a la situación anterior. En todo caso, todos aprendimos mucho.

Creo que repetiré este tipo de examen en el futuro. Si son profesores y se deciden por un examen para llevarse a casa, tengan en cuenta que hay que dejar las cosas claras desde el principio: el tipo de colaboración permitida entre los estudiantes (yo no puse límites, salvo que se trataba de un trabajo individual y, por supuesto, que el plagio sería castigado); las fuentes que pueden ser consultadas y cómo deben ser citadas, et cetera.

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