Home

JUAN JUSTO y JUAN P. BOHOSLAVSKY: El juicio contra Garzón y la eficacia de los sistemas de protección de los derechos humanos.

mayo 31, 2010

Juan Justo y Juan Pablo Bohoslavsky me mandan un artículo que acaban de publicar sobre el juicio contra el Juez Garzón y la eficacia de los sistemas de protección de los derechos humanos. Los autores presentan el artículo de la siguiente manera:

El proceso iniciado contra el magistrado español Baltasar Garzón por haber intentado investigar delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura franquista marca un nuevo hito en el siempre sinuoso proceso de asimilación de los derechos humanos por los Estados. En este  trabajo se intentarán exponer algunas líneas rectoras de los sistemas internacionales de protección de tales derechos que permiten reivindicar la actuación de ese juez a la luz del rol central que cabe a las autoridades nacionales en esta materia. Ese rol sólo puede ser cumplido adecuadamente si los órganos y funcionarios de cada país piensan desde los tratados de derechos humanos e internalizan —porque generalmente así lo indican las propias constituciones nacionales— que éstos no representan un límite externo a decisiones adoptadas bajo los parámetros del derecho doméstico sino el presupuesto funcional de la comprensión global de ese derecho. Las actuaciones de Garzón parecen dar cuenta de esa nueva mirada.

Pueden leer el artículo completo aquí.

Sobre Garzón, también es interesante la carta que firman varios prestigiosos internacionalistas hoy en el diario The Guardian, que ponen el acento en la idea de las desapariciones forzadas como delitos continuados para defender la actuación del Juez Garzón.

One Response to “JUAN JUSTO y JUAN P. BOHOSLAVSKY: El juicio contra Garzón y la eficacia de los sistemas de protección de los derechos humanos.”

  1. Luis Fonseca Says:

    Interesantes artículos. Hay cuestiones fundamentales aquí, los crímenes perseguidos son horrendos, y sin embargo…

    Siento no compartir el entusiasmo internacionalista de los autores. A juzgar por sus razonamientos, aplicar el Derecho Penal Internacional es poco menos que una operación matemática que se impone por su propia lógica a los órganos “domésticos”, condenados a un lugar subalterno. El origen de la justicia se encuentra allende las fronteras, en alguna sala de vistas de un palacio de La Haya, o en el plenario de una conferencia internacional.

    El mundo, por desgracia (o no), no es así. Tal vez algún día lo sea. De momento, las comunidades políticas que llamamos Estados (que, entre otras cosas, son formas de organizar los deberes colectivos a una escala razonable) siguen atravesando guerras civiles, conflictos de diversa intensidad, dictaduras, transiciones, reconciliaciones logradas o fallidas, puntos finales, puntos y seguido. De esta materia defectuosa está hecha la historia. El Derecho internacional es un gran invento, pero no la panacea. La política pura y dura, por sí sola, tampoco. Los jueces son hombres de carne y hueso: tanto los buenos como los malos. Los verdugos también.

    ¿Estamos dispuestos a llevar la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad hasta sus últimas consecuencias? Fiat iustitia, pereat mundus?

    Me gusta


Los comentarios están cerrados.