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Derecho internacional, participación política y una serie de conversaciones en el Lauterpacht Centre

mayo 6, 2020

Cambridge, Mathematical Bridge, 2018. CE

Por Francisco José Quintana*

Toda jurista especializada en el área tiene ensayada una respuesta a la pregunta: “¿qué es el derecho internacional?” En muchos contextos, pocas preguntas resultan más trilladas. Sin embargo, el tedio que puede provocar la pregunta —y algunas respuestas—, y la ironía con la que la deslizan algunos escépticos desde otras disciplinas marcan un contraste casi absoluto con la urgencia que presenta para muchos de nosotros. La mayoría de las veces, es cierto, la ansiedad la presenta en forma adaptada: ¿para qué sirve el derecho internacional?, ¿es una herramienta útil para determinado propósito?, ¿cómo debemos estudiarlo o ejercerlo?, ¿cuáles son sus efectos y cómo podemos defendernos?, ¿cuáles son los costos de utilizarlo en función de esta estrategia y de aquél modo?

Responder estas preguntas exige el esfuerzo y la sofisticación que caracterizan a una parte relevante del ejercicio profesional y el estudio del derecho internacional. Pero, tras discutirlas en diversas ocasiones con mi colega Marina Veličković, coincidimos en que exigen también otras cualidades, entre ellas: honestidad intelectual, introspección y diálogo. Estas preguntas tienen mucho más que ver con nuestras identidades y con el debate sobre la construcción de alternativas institucionales que con las perspectivas exclusivamente doctrinales y presuntamente neutrales con las que a veces se las aborda. Desde este punto de partida, decidimos organizar en el Lauterpacht Centre for International Law una serie de conversaciones sobre la academia jurídica, la participación política y el potencial transformador del derecho internacional. Las conversaciones están abiertas al público en general, cuentan con un/a jurista invitado/a, y se concentran en un tema, concepto o método y en su relación con movimientos políticos, luchas y márgenes. El formato es sencillo: los organizadores realizamos algunas preguntas y luego le pasamos la responsabilidad al público. Terminado el evento, la conversación continúa más informalmente en una recepción. El objetivo es lograr un diálogo plural, profundo y horizontal. Por esto, agradezco mucho la invitación de Carlos a escribir sobre esta serie y, a continuación, abordo los temas conversados en las dos sesiones que celebramos antes de la interrupción por la tragedia del coronavirus. Mi motivación no es tanto narrar eventos que se desarrollaron en otro tiempo y lugar, sino continuar el diálogo a través de este foro.

Método y política: una conversación con Gerry Simpson

En nuestra primera conversación recibimos a Gerry Simpson para explorar cómo diferentes métodos de investigación y formas de emplearlos amplían y restringen espacios de participación política. Nuestro punto de partida fue la creciente literatura interdisciplinaria en y alrededor del derecho internacional. Nos concentramos en el “giro histórico” en el derecho internacional, concepto que refiere al renovado interés académico —originado hacia el final de la década de 1990 — por revisar críticamente la historia de las estructuras, instituciones, figuras y prácticas del derecho internacional. Algunos trabajos del propio Simpson — junto a otros de autores como Antony Anghie, Martti Koskenniemi y Liliana Obregón — son a menudo identificados como el punto de inflexión que marca este giro.

El giro histórico — como ha argumentado quizás de forma más poderosa Anne Orford — ha tenido tanto potencial crítico como efectos conservadores. Por ejemplo, a los TWAILers —los académicos que se identifican con las “Aproximaciones del Tercer Mundo al Derecho Internacional”, mejor conocidas por sus siglas (en inglés) TWAIL (Third World Approaches to International Law)— la historia les ha permitido exponer la co-constitución entre el derecho internacional y el imperialismo. A la vez, algunas de estas historias críticas fueron luego denunciadas por historiadoras como “anacrónicas” y excesivamente preocupadas por el presente. Estos debates son académicos, pero también políticos y personales, y por eso conversamos con Simpson sobre su experiencia trabajando en el área de la historia del derecho internacional — desde su influyente monografía Great Powers and Outlaw States (2004) hasta su flamante (y muy esperado) volumen International Law and the Cold War (2019) co-editado con Matthew Craven y Sundhya Pahuja.

Simpson contó que cuando escribió “Great Powers and Outlaw States”, a comienzos de la década de 2000, no había demasiada reflexión acerca del método histórico en el derecho internacional. De hecho, si bien concibió al libro como una contribución interdisciplinaria y no estrictamente jurídica, explicó que no se imaginó dialogando especialmente con la historia, sino con las relaciones internacionales. En ese momento —reveló— su perspectiva estaba influenciada por la búsqueda de una disciplina en la que apoyarse para buscar respuestas a preguntas que el derecho internacional no parecía interesado siquiera en plantearse.

Aquella etapa —a la que en la conversación nos referimos como “la etapa anterior al método”— dio lugar, luego de la publicación de trabajos como el propio “Great Powers”, a lo que Simpson describió como un período apasionante de producción interdisciplinaria. El gran lugar lo ocupó, sin embargo, la historia y no las relaciones internacionales. Muchas académicas comenzaron a revisar la historia de diferentes sub-disciplinas del derecho internacional y a desafiar las perspectivas dominantes (lineales, celebratorias, teleológicas). Un giro metodológico facilitó, entonces, cruciales intervenciones críticas, con múltiples focos, como la discriminación racial y la desigualdad económica. En el ámbito latinoamericano, podemos destacar de nuevo el trabajo de Liliana Obregón, y el trabajo de Arnulf Becker Lorca y Juan Pablo Scarfi, entre muchas otras.

“¿Cómo deberíamos escribir realmente la historia del derecho internacional?”

Este proceso se vio, sin embargo, interrumpido por la intervención de las historiadoras en el debate y la emergencia de lo que Simpson describió como una “angustia metodológica” entre las juristas: ¿cómo deberíamos escribir realmente la historia del derecho internacional? Esta “obsesión con el método”, todavía muy presente, marcó un nuevo período, visto por algunas como una reacción conservadora que clausuraba sitios de imaginación y resistencia; por otras, como un reflejo de una preocupación por un innegociable rigor académico. Ante nuestras preguntas, Simpson se mostró inicialmente en una posición intermedia. Concedió que hoy escribiría “Great Powers” de forma diferente, pero se preguntó: “¿sería mejor?”.

La conversación fue necesariamente más sinuosa que esta viñeta, estuvo marcada por referencias culturales y un uso bellísimo del lenguaje de uno de los grandes escritores de la disciplina (véase “The Sentimental Life of International Law” o, alternativamente, su traducción en español), y abarcó múltiples temas desde la literatura hasta el cinismo. En cuanto a la historia, nuestra suerte de caso de estudio en la discusión sobre método y política, Simpson propuso intentar trascender la tensión historiográfica, convencido de que el encuentro entre el derecho internacional y la historia tiene mucho para dar.

Simpson sugirió dejar de mirar al “método” como un conjunto de prohibiciones o licencias, y tomarlo como una invitación para reflexionar, defender y elaborar métodos propios. En esta dirección, se preguntó: ¿hay algo después del método? Invocó, entonces, el concepto de “estilo” para referirse a los rasgos valiosos de nuestra producción escrita que no son estrictamente metodológicos, sino algo así como una “virtud literaria”. Nos recordó que nuestra reacción frente a un libro o artículo no responde exactamente —y a veces ni siquiera responde en absoluto— al método empleado por el autor. Sería raro —reflexionó— preguntarle a un extraño por su método favorito para escribir novelas y no cuáles son sus novelas favoritas.

¿Qué queda, entonces, para los interesados en ampliar los espacios de participación política a través del pensamiento jurídico y el derecho internacional? Simpson nos invita a no privarnos ni de recursos ni de reflexión. En el caso de la historiografía, Simpson ofrece una sugerencia concreta: reflexionar acerca de qué queremos de la historia y qué demanda la historia de nosotros.

El sur y el derecho internacional: una conversación con Luis Eslava

En nuestra segunda sesión invitamos a un académico con quien compartimos muchas sensibilidades para hablar de temas que nos tocan muy de cerca. Recibimos a Luis Eslava para una conversación sobre las oportunidades metodológicas y teóricas que se abren cuando se aborda al derecho internacional desde el sur —con un foco en la etnografía y la historia—, de las complejidades socio-políticas y geográficas del sur global, de TWAIL, y de cuestiones de identidad y resistencia en un mundo atravesado por el derecho internacional.

En el sur global, muchos de nosotros tenemos un recuerdo claro de cómo llegamos a interesarnos por el derecho internacional, en general marcado por alguna crisis o evento. Para algunos, la primera imagen de la disciplina es muy diferente a la que desarrollamos a través de nuestras experiencias académicas y profesionales posteriores. Por esto, le preguntamos a Eslava: ¿desde qué lugar abordaste por primera vez al derecho internacional: desde el escepticismo o desde la admiración?

Eslava desafió los límites de la pregunta y contestó: “desde el lugar de un desafío intelectual”. Explicó que en sus primeros años como académico en Colombia, en el contexto del recrudecimiento del conflicto armado, sintió que buena parte del pensamiento jurídico abordaba la relación entre el derecho y la violencia de forma problemática. Argumentó que en América Latina, influenciados por una perspectiva kelseniana, muchas veces entendemos al derecho como algo externo a la sociedad que podemos invocar para solucionar nuestros problemas, por ejemplo a través de la adopción de nuevas leyes. Explicó que en Colombia no muchos reconocían que el derecho era también parte del problema. Sin embargo, en el marco de su propia búsqueda, Eslava se dio cuenta de que el rol del derecho era aún más complejo. Cuando quiso estudiar algo local y específico como Bogotá y sus barrios ilegales, en uno de sus proyectos etnográficos iniciales, Eslava entendió que asignar responsabilidad exclusivamente al gobierno local era imposible: detrás de cada decisión estaba no sólo el gobierno municipal y el gobierno nacional, sino también un conjunto de actores internacionales, como las instituciones financieras internacionales. Los problemas de Bogotá eran problemas de derecho internacional, entendido este como un conjunto de normas, instituciones y prácticas que entrecruzan todos los niveles de gobierno. Se interesó, entonces, por estudiar lo que podría entenderse como el desconocimiento del derecho internacional acerca de su propio rol en el mundo. Quienes lo escuchábamos entendimos que, como le habíamos pedido, Eslava había narrado y contextualizado su trayectoria intelectual, llevándonos desde sus primeros años en Colombia hasta las inquietudes que darían lugar a la producción de su extraordinario libro “Local Space, Global Life” (ahora disponible en español).

“Si no reconocemos a TWAIL como una sensibilidad, terminamos utilizándolo como una caja de herramientas.”

Hablamos también, por supuesto, de TWAIL. Pero, ¿qué es TWAIL? Eslava escribió una pieza clave que discutió con muchas autoras de la red TWAIL y explora esta pregunta. Aun así, la conversación y el texto siempre iluminan de forma diferente, nunca se superponen del todo. En nuestra conversación, Eslava hizo un llamado decisivo: entender a TWAIL, por sobre todas las cosas, como una sensibilidad. Se trata —argumentó— de una sensibilidad hacia el sur, de reposicionar al sur como un espacio legítimo de producción de conocimiento. En el contexto de nuestra serie, que presta especial atención a la metodología, Eslava hizo una advertencia importante: si no reconocemos a TWAIL como una sensibilidad, terminamos utilizándolo como una caja de herramientas y cometiendo, entonces, el mismo error que quienes intentan solucionar los problemas del mundo simplemente invocando a los derechos humanos o al derecho económico como un conjunto de reglas abstractas. Entender a TWAIL como una sensibilidad respeta la diversidad del sur y es mucho más poderoso que asociarlo con un conjunto de instrumentos analíticos inánimes o una aproximación historiográfica ya dada.

Eslava tuvo una participación crucial en un hito en la trayectoria de TWAIL: junto a Michael Fakhri y Vasuki Nesiah, editó la monumental obra Bandung, Global History, and International Law, sobre la conferencia de Bandung de 1955. Aquella conferencia reunió a representantes de 29 estados asiáticos y africanos, muchos de los cuales acababan de independizarse. El libro incluye trabajos de más de cuarenta académicos asociados con la red TWAIL y fue citado por el Juez Cançado Trindade en su opinión separada en la opinión consultiva sobre Chagos. En nuestra charla, esta obra colectiva sirvió de disparador para abordar el significado, las fronteras y la importancia del sur.

Eslava se encargó de dejar en claro que, sin dudas, el sur es un hecho. Pero contó que la experiencia en el proyecto “Bandung” le infundió la importancia del sur como mito. El gran poder de la conferencia de Bandung —explicó— no ha residido principalmente en lo que realmente ocurrió, sino en cómo permitió estimular y liberar ideas y sueños que no habían estado disponibles. Las historias de quienes participaron en la conferencia habían sido destruidas por el colonialismo y el derecho internacional que sostuvo la expansión europea. Bandung les permitió, sin embargo, recuperar y reconstruir sus historias.

En un momento de la conversación, Eslava contó que la primera vez que presentó un trabajo académico en el extranjero fue delante de Anghie, también originario del sur poscolonial —Sri Lanka—. Anghie ha dedicado su vida a entender la posición complicada de su lugar de origen en la historia y la operación del derecho internacional. Eslava explicó que este encuentro con Anghie fue, en un sentido personal, “revolucionario”: le abrió la puerta a una manera diferente de ver el mundo en la que pudo recomponer su relación con el derecho, sin idealizarlo, y consigo mismo. Hoy, las obras de Anghie y Eslava retratan al sur y a sus sujetos como productos de procesos globales (y como mucho más que eso). Estoy seguro de que algunas de las muchas estudiantes y académicas que asistieron e integraron una audiencia notablemente diversa y activa contarán en el futuro anécdotas parecidas en las que Eslava reemplazará a Anghie.

Conclusiones

Al diseñar esta serie, buscamos institucionalizar, en el marco de una comunidad particular, una forma diferente de pensar y conversar sobre derecho internacional. Nos impulsaron, en partes iguales, la pasión por lo que hacemos y el descontento con ciertos límites disciplinarios y profesionales. Ambas conversaciones fueron enormemente gratificantes.

Hay puntos de contacto entre la invitación de Simpson a reflexionar sobre nuestros métodos sin ignorar ni someternos a los meticulosos debates sobre metodología, y el llamado de Eslava a entender TWAIL como una sensibilidad y no como una caja de herramientas. Ambas visiones manifiestan una preocupación por hacernos cargo de nuestra producción individual. La conversación con Eslava hizo hincapié en aspectos más marcadamente políticos: el rol que ocupamos en una disciplina que constituye un orden global desigual, y cómo abordarlo desde y con el sur. Con Simpson, la charla viró hacia el “estilo”, las emociones y la importancia de escribir derecho internacional y sus historias de forma personal y persuasiva.

Este formato favorece hablar de derecho internacional desde el lugar que ocupa realmente en nuestras vidas: sin dudas, es una disciplina que estudiamos y ejercemos con diligencia; pero también es uno de los principales lentes que utilizamos para entender el mundo, un vehículo para avanzar o resistir proyectos políticos, una disciplina que determina muchas de nuestras lecturas y relaciones personales, y más.

El plan es que la serie continúe indefinidamente. A los organizadores, la experiencia nos confirmó la importancia de crear espacios de discusión y participación, aun pequeños. Esta es la principal conclusión que quiero transmitir en esta plataforma. América Latina se ha beneficiado de una creciente y mucho más ambiciosa tendencia en esta dirección. Si estos espacios siguen creciendo, se fortalecerá la comunidad epistémica del derecho internacional en América Latina y en español.

*Francisco José Quintana es doctorando en derecho y becario Gates Cambridge en la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Es miembro fundador del colectivo editorial de la Revista Latinoamericana de Derecho Internacional.