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EN TORNO AL “EFÍMERO DESPERTAR…”: SOBRE CIERTAS APROXIMACIONES A LA RECIENTE HISTORIA DEL DERECHO INTERNACIONAL EN ESPAÑA

febrero 23, 2015

Por Javier González Vega

Resulta reconfortante descubrir que las ideas de uno encuentran proyección fuera de estos pagos y que por arte de la globalización se expanden hasta llegar a medios académicos poco frecuentados. Incluso, ya puestos, le adula a uno disponer involuntariamente de un intérprete y escucharse en la lengua de Shakespeare por sus indudables efectos multiplicadores del discurso académico.

Viene lo anterior a propósito de la pre-publicación de la contribución de I. De La Rasilla del Moral “Beyond the Spanish Classics – The Ephemeral Awakening of the History of international Law in pre-Democratic Spain”, centrada en el papel de Mariano Aguilar Navarro en la renovación de la doctrina iusinternacionalista española en el sombrío periodo del franquismo y difundida a través de este blog, dado que en ella se perciben algo más que ecos (mucho más) de la Conferencia que sobre el tema pronuncié el 14 de diciembre de 2012 en la Universidad de Zaragoza.

Invitado por la Profesora Y. Gamarra, tuve entonces el honor de participar en el foro “Derecho internacional, Religión, Imperio”, que bajo el patrocinio de la Fundación Giménez-Abad y otras instituciones se desarrolló en la antigua Facultad de Medicina cesaraugustana, abordando un tema que encajaba mal en las líneas generales del coloquio y que presenté bajo el título “To A Dry Elm…The University of Seville and the quiet Revolution of Spanish Doctrine of International Law in the Francoist Era”[1]. Digo que encajaba mal porque en realidad el propósito de la ponencia no era examinar la idea de Imperio –ni su maridaje con el nacional-catolicismo- bien presente en los trabajos que seguían la línea oficial en aquel periodo (desde las Reivindicaciones de España de J.M. de Areilza y F. Castiella hasta la Revista de Estudios Políticos e incluso en su primera época la misma Revista Española de Derecho Internacional, sino abordar la gestación de una línea de pensamiento que tímidamente –y a través de los magros cauces que ofrecía el páramo intelectual español, subsiguiente al “atroz desmoche” de nuestra Universidad (en palabras de J. Claret Miranda, en su meritoria obra del mismo nombre, El atroz desmoche. La destrucción de la Universidad española por el franquismo, 1936-1939, Crítica, Barcelona, 2006 con las que iniciaba mi presentación)- trataba de afrontar una renovación del estudio del Derecho internacional en nuestro país desde nuevas perspectivas abiertas a la práctica y a las nuevas corrientes de pensamiento que circulaban, particularmente, en el entorno europeo[2]. De ahí la imagen del “olmo viejo” del poema de A. Machado con la que rotulaba mi presentación.

En todo caso en la presentación afrontaba tanto el proceso de depuración en las Cátedras de Derecho internacional como la línea oficial impuesta por el “Nuevo Estado” en la doctrina del Derecho internacional y frente a ella la incipiente afirmación (demo)cristiana de la obra inicial de M. Aguilar Navarro, así como su trabajo posterior en la década de los 50 en la Universidad de Sevilla –haciendo especial referencia al círculo de discípulos (Juan Antonio Carrillo Salcedo, Julio D. González Campos, Roberto Mesa Garrido y José A. Yturriaga Barberán) creado allí. Se afrontaban también sus contribuciones a la REDI, superando “los enfoques hueramente formalistas del sistema jurídico internacional” y prestando “una desusada atención al estudio de la realidad social internacional”; un innovador enfoque sociológico y político de nuestro ordenamiento que –decía allí- contrastaba con los planteamientos más clásico de otros autores y que habrían de continuar sus discípulos, como con palabras de C. del Arenal me permitía recordar. Asimismo, la presentación abordaba el paso de Sevilla a Madrid, la “recuperación” de la relación entre M. Aguilar y Antonio De Luna, la asunción de la dirección de la REDI a partir de 1963 y su implicación en los acontecimientos de la Ciudad Universitaria de febrero de 1965.

En este punto, me detenía en estos acontecimientos –la famosa manifestación y la ulterior expulsión de la Universidad de los Profesores García Calvo, López Araguren y Tierno Galván- habida cuenta de su importancia en la trayectoria vital de M. Aguilar y del relativo olvido en el que han caído, particularmente en lo que se refiere a su figura. En este orden, es conveniente destacar que en la reciente, documentada y cáustica obra sobre la historia de la “intelectualidad” española bajo el franquismo y la transición de G. Morán (El Cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los letrados. Cultura y política en España, 1962-1996, 3ª ed., Akal, Madrid, 2015), este autor rescata del olvido al injustamente relegado S. Montero Díaz y reivindica asimismo a J.M. Valverde –ambos mencionados en la presentación-pero omite sistemáticamente la figura del Profesor Aguilar, también represaliado al ser separado temporalmente durante 2 años de la cátedra con motivo del episodio.

Finalmente, esta circunstancia, me permitía abordar la faceta política de M. Aguilar -afiliación al PSOE y actividad senatorial durante el periodo constituyente (1977-1979) incluidas- así como su vocación como publicista a través, primero, de sus colaboraciones en la revista Cuadernos para el Diálogo luego merced a sus puntuales publicaciones en el Diario El País. Concluía por último glosando su legado a través de la obra de sus discípulos (y de los discípulos de sus discípulos…, entre los que honro contarme) que ha venido a confirmar -como reza el célebre epitafio a Sir Christopher Wren- “si monumentum requiris, circumspice”.

Esto es lo que trasladé aquella mañana luminosa y fría de finales del otoño aragonés a un público selecto entre el que se contaban los Profesores Th. Skouteris, M. Craven, M. Elósegui Itxaso, M.C. Márquez Carrasco –que me felicitaba por las evocaciones a su maestro el Prof. Carrillo Salcedo- I. Forcada Barona,…e Ignacio de La Rasilla, que aprovechaba la ocasión para hablar de Francisco de Vitoria[3]. Al leer ahora su texto, me he sentido reflejado en un espejo y compruebo que mis palabras han conducido sus afanes a temas bien alejados por muchos conceptos de las ideas del fundador del Derecho internacional. ¡Si eso he conseguido… Vale!

Javier A. González Vega
Catedrático de Derecho internacional público y Relaciones internacionales de la Universidad de Oviedo

[1] Apunto que está en mi intención publicar en breve dicha contribución.

[2] En el planteamiento del tema, fuera de los parámetros del encuentro, había además razones aún más estrechamente ligadas a mi persona y relacionadas con mi alma mater –represaliada en la figura de su rector Leopoldo Alas Argüelles-, con mi área de conocimiento en la “ovetense”, donde la inmensa figura de uno de los discípulos de M. Aguilar, Julio D. González Campos, se proyecta -por intermedio de mi colega, maestra y amiga, Paz Andrés Sáenz de Santa María- perpetuamente, así como de índole aún más íntima y familiar.

[3] El Programa y los abstracts del Encuentro se acompañan a la presente nota.

DOCUMENTOS adjuntos: