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El mundo en transición

enero 3, 2011

Ricardo Arredondo, autor de numerosos posts en aquiescencia, publica una breve nota con algunos datos de la transición que ha vivido el mundo desde septiembre de 2001. Me llama la atención de manera especial que Ricardo afirme que «el proceso de globalización económica ha ayudado a muchos países a salir a la escena internacional reclamando un creciente protagonismo». Sería bueno que nos desarrolle esta idea, que tantos defensores como detractores tiene. También resulta un buen ejercecio de sentido común que un diplomático argentino admita abiertamente que «Brasil se ha constituido en un líder regional en América Latina».

En Turtle Bay | FOREIGN POLICY, un blog dedicado a reportar sobre Naciones Unidas, se hace un resumen de los desafíos ciertos que presenta 2011 para Naciones Unidas. El post se titula Un año difícil por delante (The difficult year ahead). Interesante.

El periodista de El País, Rafael Méndez, escribe un artículo donde hace un buen análisis de los cables diplomáticos filtrados por Wikileaks referidos a las negociaciones fallidas entre EE.UU. y Japón con el fin de limitar el número de captura de ballenas por parte de la flota ballenera japonesa. La nota subraya los problemas derivados del programa de caza de ballenas, calificado de científico por Japón, las deficiencias de la Comisión Ballenera Internacional y la actuación de la ONG Sea Sheperd. El artículo se concentra en la intención del gobierno de EE.UU. de lograr un acuerdo para la reducción significativa de las capturas de ballenas por los balleneros japoneses. A cambio, Japón solicitaba que se actuase contra Sea Sheperd. Según los cables, Australia hizo imposible el pacto. El artículo finaliza con una afirmación rotunda: «Nada ha cambiado».

Es cierto que no hubo acuerdo y que Sea Sheperd sigue persiguiendo a la flota ballenera japonesa, pero algo sí ha cambiado, ya que el último día de mayo de 2009 Australia demandó a Japón ante la Corte Internacional de Justicia porque considera que su programa caza de ballenas (JARPA II) infringe obligaciones internacionales asumidas por Japón de acuerdo con la Convención internacional para la regulación de la caza de ballenas (1946), así como otras convenciones internacionales para la preservación de los mamíferos marinos y el medio ambiente, como es el caso de la Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestre. Australia, como tantos otros países, afirma que el programa japonés de caza de ballenas no está justificado sobre la base del artículo VIII de la Convención de 1946, que permite ciertas capturas con fines científicos. El cambio en el escenario normativo se confirmaría si la Corte llegase a la conclusión de que el programa japonés de caza de ballenas viola el derecho internacional.